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Brujería, mi visión y porqué inicié en ella

La palabra brujería suele tener una connotación negativa, principalmente en América Latina. Existen muchísimas historias de cómo las brujas se roban a los bebés, se convierten en lechuzas y envían maldiciones a quienes les hacen daño. Sin embargo, en estos tiempos que corren, esta se relaciona más con el lado espiritual de las personas. Nuevas prácticas y religiones neo-paganas le han dado este nuevo giro, como la wicca.

Este nuevo auge por la brujería, ha dado paso a nuevas maneras de practicarla, nuevas filosofías y religiones: el neopaganismo, la brujería tradicional, la wicca, etc. Además, el nuevo imaginario sobre la brujería ha dejado de ser viejo y arrugado, para volverse un estilo de moda y de vida «cool» llevando cada vez a más personas a buscar información sobre la brujería moderna, y adoptarlo como estilo de vida.

Llamando a las hadas, adorando a los gatos

Cuando era niña siempre me llamó mucho la atención la magia. Le pedía a mis padres que me compraran libros de fantasmas, vampiros, brujas y muchas otras cosas.

Aún conservo muchos de esos libros, la gran mayoría eran cuentos e historias de ficción a los que aún les tengo mucho cariño. Además agradezco a mis padres por haberme comprado libros «cuestionables» para otros.

Unos de mis recuerdos más bonitos, es haber estado una noche con mi hermana llamando a las hadas. Dormíamos juntas en una manta en el suelo, y cuando teníamos insomnio hablábamos. Esa noche decidimos llamar a las hadas, las invitábamos a jugar con nosotras, a posarse en nuestras manos… ¿Las vimos? Ambas dijimos que sí. Y me gusta pensar que así fue, aunque ahora mi memoria adulta las ha borrado.

Después de eso, no recuerdo en dónde leí que los gatos eran quiénes elegían a las mujeres que se convertirían en brujas. Eran los gatos seres místicos capaces de otorgar estos poderes, así que cuando veía un gato en la calle le hablaba, trataba de acercarme y les hacía la petición, especialmente si el gato era negro. Nunca me respondió ninguno.

También solía coleccionar piedras y cosas que me parecían curiosas. Tenía una varita mágica que había tallado yo misma (aunque no la corté de un árbol, sino que compré un palo de madera en una ferretería).

El Tarot del Amor

Tiempo después, un buen amigo mío de la secundaria me regaló un tarot. Es un tarot hermoso, lleno de adornos, una combinación de pinturas clásicas bastante barrocas. Comencé a leer el Tarot del Amor a mis amigas, y después de un tiempo lo dejé.

Fueron bastantes años sin practicar la lectura del tarot, y además mi mente analítica y cientificista me hizo negar la existencia de cualquier cosa que la ciencia no confirmara. Muchas cosas pasaron durante esos años, hasta que…

En mi lugar de trabajo alguien comenzó a hablar sobre cartas astrales, tarot y muchas cosas más… Y me volvió la espinita. Llevé mi tarot del amor, y realicé algunas lecturas. Según mis compañeros algunas fueron bastante acertadas, y entonces…

Brujería Moderna

Comencé a leer sobre brujería, qué es lo que era realmente, si era verdad que invocaban al diablo, si era solo una moda, y muchísimas cosas más. En un principio comencé a leer sobre la wicca, interesada en ella, sin embargo, las religiones no me van tanto.

Mi tablero de Pinterest se llenó de Pins sobre tarot, cristales, animales mágicos, velas y espiritualidad. Tenía muchas curiosidades ya, y algunas fueron fáciles de conseguir: incienso, velas, hierbas, y lo más importante, información.

Hasta que un día, finalmente me decidí. ¿Qué pasó? Algunas «coincidencias» que me hicieron realmente sentir que me estaba conectando con el universo: «Ley de Atracción», lo llaman algunos. Ese día fue Luna Llena, y realicé mi primer ritual para hablar con la luna.

Mi mente cientificista se calló, y mi espiritualidad pudo darse rienda suelta. Meditación, danza, arte, y muchos aromas deliciosos de las velas y el incienso, pero sobre todo, comencé a conectarme conmigo misma.

Y la historia, por supuesto no termina aquí.

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